Inteligencia Cognitiva: Desarrollo de la Memoria

Ayudas Mnemotécnicas II

Una forma muy práctica de utilizar las ideas de Tulving para reducir el olvido es el amnésico puede encontrar llevar siempre con uno las propias pistas de rememoración, y una manera muy popular de conseguirlo debe sus orígenes a un trágico accidente ocurrido en Grecia hace dos mil quinientos años. Estaba Simónides cantando un poema lírico durante un banquete cuando le anunciaron la llegada de un mensajero. Durante su ausencia se desplomó la techumbre de la sala de banquetes, aplastando y despedazando los cuerpos de los comenzales de tal forma que fueron irreconocibles. Simónides recordaba los lugares donde estaban sentados, de modo que pudo identificar los cuerpos ante los apesadumbrados familiares.

Esto lleva a Simónides a proponer una técnica memorística que acentúa la importancia de una disposición ordenada como auxiliar de la memoria, y con la cual demostró lo que se podía conseguir al relacionar las imágenes de los lugares y de los hechos u objetos. El procedimiento evolucionó hasta llegar a la técnica del «método de los lugares», que implica empezar con algo muy familiar como puede ser el paseo favorito de una persona. Se asocian seguidamente algunos de los lugares recorridos en el paseo, empleando ideación, con los hechos que esa persona quiere recordar. Cuando se quiere recordar algo, la persona se limita a utilizar los lugares del paseo como pistas de rememoración que le permiten «leer» los hechos que necesita, en su orden correcto.

Por los años treinta, Dale Carnegie, el autor de "Cómo ganar amigos"propuso una técnica parecida. La primera tarea consiste en aprenderse un esquema rimado para recordar veinte cosas. Carnegie sugería el siguiente: uno-lobuno; dos tos; tres-revés; cuatro.-teatro; cinco-brinco; seis-veis; siete-ariete; ocho-bizcocho; nueve-aleve; diez-pez; once-bronce; doce-roce; trece-mece; catorce-alforce; quince-lince; dieciséis-atendéis; diecisiete-soplete; dieciocho-Pinocho; diecinueve-renueve; veinte-doliente.

El siguiente paso consiste en aprender imágenes que se correspondan con las palabras críticas (por ejemplo, «lobuno» puede sugerir una cacería, y «tos» una tarde de invierno). Finalmente, se visualiza una serie de veinte objetos o ideas en asociación extravagante con las palabras criticas. Con este sistema el olvido es más bien raro; la razón es que el individuo cuenta con pistas de rememoración muy eficaces.

Algunas aplicaciones de las ideas de Tulvin

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