Manuales Prácticos Completos

Pretendo hablar con él y lo único que consigo es distanciarle (2)

«¿Eh? »

«Parece que no estás de muy buen humor», insiste ella.
 
«Mira, no me digas de qué humor estoy. ¡Estoy bien! ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? No soy un niño.  ¡No necesito que me digan cuándo tengo que limpiarme los zapatos!»

Ya estamos otra vez, piensa Margie.

 Sólo pretendo hablar con él y lo único que consigo es distanciarle; nunca le interesa lo que a mí me preocupa.

Ya estamos otra vez, piensa Daniel.

 Ve que he tenido un día horrible y no se le ocurre más que empezar a fastidiarme en cuanto puede.

Ya están otra vez Margie y Daniel.

 No es más que un incidente de nada, pero la vida está llena de este tipo de incidentes sin importancia.
 
Se han acostumbrado a vivir con cierto grado de tensión en la relación, pero cada cual desea en secreto encontrar un modo de recuperar los buenos sentimientos que les unían en cierta época de sus vidas.

¿No le ha pasado algo así en alguna ocasión?

¿Intentar e intentar una y otra vez que otra persona entendiera sus necesidades, y encontrar que cuanto más empeño ponía en ello, más falta de comprensión mostraba la otra persona?

 

¿O que cuanto más se obstinaba usted en los intereses propios, más afirmativo de los suyos resultaba el otro?

Muchas personas llegan a un punto en su relación en el que ya no saben por qué se unieron en un principio.
 
Eso puede suceder en casa, en el trabajo, en la amistad.
 
Puede ser que le ofendan a uno en algo mínimo y uno devuelva la ofensa.
 
Tenemos el poder de herirnos unos a otros, y para protegernos de las ofensas de los demás nos distanciamos, rompemos el vínculo afectivo.

Daniel y Margie reaccionan como lo hacemos casi todos cuando los demás no muestran interés por nuestras necesidades: se ponen por en cima de la situación, obcecándose cada uno en las propias necesidades todavía con más fuerza.
 
Según van desconectando el uno del otro, crece la hostilidad entre ellos y se entabla la lucha de poder.

La perspectiva exclusivista y la lucha de poder

«No persigas el contrato y encontrarás la unión».

 Esta antigua máxima taoísta resume una de las grandes paradojas de las relaciones humanas: cuanto más se esfuerza uno por conseguir el acuerdo, la conformidad, la unión, más le eluden estas cualidades.
 
Cuando uno trata de estar en armonía con otros, su actitud traiciona el hecho de que no lo está.
 
Si, por el contrario, sus acciones se basan en un sentimiento de relación con los demás, la cuestión del acuerdo o el desacuerdo deja de tener importancia.

Cómo resolver las discrepancias en el trabajo
y en la vida cotidiana (3)

Recomendar este articulo a un amigo:
  • Tus Datos
  • Tus Amigos
 
Enviar
Quiero Suscribirme al Newsletter