Manuales Prácticos Completos

La paradoja de la rendición (8)

Cuanto más conscientemente trataba de ignorar los comentarios de mi marido acerca de sus amantes anteriores (con la esperanza de que dejara de hablar de ese tema), más se complacía él en fantasear acerca del pasado.
 
Cuando le dije que me fastidiaba que lo hiciera, arriesgándome al hacerlo a montar un escándalo por algo sin importancia, dejó de hacerlo.
 
Haciendo caso omiso del tema estaba, de hecho, provocando que resultara algo mucho mayor que si simplemente se lo hubiera dicho.
 
Cuando me alivié, él percibió mi tranquilidad y permitió que mis deseos le influyeran —cosa que no podía hacer cuando notaba mi mal indisimulada tensión—.

Cuando pretendía que mis empleados trabajaran con la misma organización y lógica con que yo lo hacía, todo en la oficina era más caótico y desorganizado.
 
Cuando, tras muchas discusiones, llegué a conocer el estilo de trabajo personal de cada empleado y, confiando en ellos, dejé de preocuparme por su falta de sistema, el trabajo pasó a ser de pronto más metódico.

¿Por qué suelen suceder estas cosas?

¿Trataban los otros de frustrar mis deseos o de darme una lección?

¿O es otro el principio que actúa en estos casos?

Creo que la respuesta tiene relación con lo que llamo «la paradoja de la rendición».
 
Cuando es de suma importancia para uno que algo sea de cierta manera, suele ser cuando uno se siente frustrado.
 
Cuando no concede importancia a los resultados, es más probable que se dé por satisfecho.

El poner mucho de uno mismo en el hecho de que las cosas salgan como uno lo desea casi siempre implica temor a no lograrlo.
 
Este temor suele inhibir el libre intercambio de energía entre uno y la otra persona.


Nos mostramos menos abiertos el uno con el otro, menos capaces de sentir la simpatía natural y el vínculo entre ambos, de re conocer recíprocamente las necesidades del otro.
 
De ahí que las cosas se vuelvan discordantes sin razón aparente.
 
No es probable que mis amantes y mis compañeros de trabajo se me resistieran a propósito, simplemente no veían ya un vínculo claro y fiable conmigo.

Tengo un amigo cuya situación ejemplifica claramente la paradoja de la rendición.

Harvey siempre me está diciendo:

«Tengo tanto empeño en tener una relación amorosa profunda y duradera que parece que asusto a las mujeres».

Cómo resolver las discrepancias en el trabajo
y en la vida cotidiana (9)

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